IMPACTO EN EL AMBIENTE

Impacto medioambiental de la energía


Las sociedades humanas generan un importante impacto en el medio ambiente, como resultado de sus actividades. La agricultura, la ganadería y la pesca, la minería, la industria o los servicios son los responsables de lo que la mayoría de las veces se traduce en un grave deterioro.

En este sentido cabe señalar que la producción y el consumo de energía generan efectos que se manifiestan en forma de calentamiento global, contaminación atmosférica, lluvia ácida, contaminación radiactiva o vertidos de hidrocarburos, entre otros, dando lugar a graves afecciones medioambientales.

Para evaluar el impacto de las actividades relacionadas con la energía debemos tener en cuenta su ciclo completo y no sólo sus etapas finales. De este modo, no se debe centrar la atención únicamente en el ámbito puramente inmediato de los procesos de producción y consumo, sino que se deben estudiar también las actividades extractivas que determinadas fuentes energéticas requieren, el impacto del transporte previo a su utilización, así como los procesos de tratamiento a que deben someterse antes de ser utilizadas. Igualmente hay que estudiar no sólo los focos de emisión de contaminantes a la atmósfera, hidrosfera y suelos sino que hay que seguirlos hasta su destino final en los ecosistemas, llegando finalmente hasta el hombre. Todo ello considerando que sus efectos son susceptibles de extenderse en el tiempo y el espacio.

La energía afecta a todos los compartimentos del medio ambiente, desde la emisión de compuestos tóxicos a la atmósfera al ruido que generan las palas de los aerogeneradores.


Compuestos tóxicos:
En dosis muy reducidas, los tóxicos actúan como venenos potentes sobre el organismo. Determinados procesos de generación o transporte de energía tienen un riesgo potencial o real de emisión al medio ambiente de estos compuestos.

Benceno, hidrocarburos aromáticos policíclicos y otros compuestos orgánicos persistentes son algunos de los tóxicos que escapan a la atmósfera al manejar y quemar combustibles fósiles en centrales térmicas, calefacciones y motores de automóvil.

Ruido:
La mayor parte de los procesos que generan o consumen energía producen ruido. El resultado final es un mar de ruido con graves consecuencias para la salud de las personas.

El ruido es sonido que nunca pagaríamos por escuchar, a diferencia de la música. Por el contrario, el ruido es un riesgo para la salud. Los estudios muestran sus efectos negativos sobre la capacidad de concentración de los escolares, y su estrecha relación con el estrés y los trastornos del sueño. 

Impacto sobre las aguas: 
El agua, tanto marítima como continental, sufre variados impactos derivados de nuestro modelo de producción y consumo de energía.

Vertidos petroleros, lavado de carbón y refrigeración de centrales térmicas: tres ejemplos de contaminación del agua por la fabricación y transporte de energía.

Los vertidos de hidrocarburos son una grave causa de contaminación del agua. Ocurren por la rotura accidental de un depósito o el naufragio de un petrolero, pero también por prácticas poco escrupulosas de lavado de tanques y sentinas o de disposición de aceites usados. Los vertidos totales en el mundo son del orden de varios millones de toneladas.

La contaminación térmica del agua es un subproducto de la operación de las centrales térmicas, ya sean nucleares, de fuel o de carbón. Se produce al refrigerar el vapor “muerto” (que ya ha pasado por la turbina) para convertirlo de nuevo en agua líquida.

El agua caliente forma una cola de contaminación térmica aguas debajo de la central. La refrigeración en circuito cerrado palía este problema.
El lavado de carbón para eliminar impurezas y aumentar su valor comercial produce gran cantidad de polvo de carbón en suspensión. Vertido a un río sin control, acabaría con toda la vida acuática en varios kilómetros aguas abajo. Para evitarlo, el agua contaminada pasa previamente por grandes balsas de  decantación.




Óxidos de nitrógeno: 
Los óxidos de nitrógeno son un contaminante difícil de erradicar, pues no dependen de la composición del combustible, sino de la temperatura a que se quema.

Los óxidos de nitrógeno se forman cuando quemamos combustible a altas temperaturas. El oxígeno y el nitrógeno del aire se combinan formando NOx. El problema se podría reducir bajando la temperatura de combustión, pero eso afectaría negativamente a la potencia suministrada por el motor o la turbina.
Los óxidos de nitrógeno proceden de variadas fuentes, pero la más importante es el tubo de escape de los automóviles.

Residuos radiactivos:
Los residuos radiactivos producen radiaciones destructivas para los tejidos de los seres vivos, y su peligro subsiste durante muchos años. 

El combustible que se utiliza en los reactores, una vez agotado, es un residuo nuclear de alta actividad, capaz de emitir radiaciones nocivas durante miles de años. Actualmente se guarda en piscinas dentro de las centrales, pero es necesario dar una solución segura a su tratamiento definitivo. 



Residuos: 
La producción y consumo de energía produce todo tipo de residuos sólidos: los de la minería energética son los más voluminosos y las cenizas de combustión los más engorrosos. 

La minería energética, principalmente de carbón y de uranio, produce gran cantidad de residuos que se suelen acumular en forma de montañas de estériles y escorias. Estas acumulaciones de material pueden modificar la red de drenaje natural y contaminar las aguas con sustancias liberadas por el mineral pulverizado.

Actualmente, se están dedicando grandes esfuerzos a la restauración de los paisajes afectados por la minería energética. Las elevaciones de escombros son aplanadas y modeladas y las cavidades suavizadas. El terreno resultante se repuebla con árboles y otras plantas.


La quema de carbón, leña y residuos sólidos deja tras sí cantidades importantes de cenizas, tanto en las centrales térmicas como en las calderas domésticas. Estos residuos necesitan un tratamiento especial, por su alta concentración en sustancias potencialmente tóxicas. Pueden ser utilizadas en procesos metalúrgicos o bien como material de construcción, mezcladas con cemento.


Dióxido de carbono: 
El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero. Desde hace aproximadamente dos siglos, su concentración en la atmósfera ha aumentado significativamente por la quema de combustibles fósiles.

Según el consenso científico mundial, las consecuencias de este aumento de la presencia del CO2 en la atmósfera son inquietantes: aumento de la temperatura y sequía, elevación del nivel del mar por el deshielo de los casquetes polares que afectaría a zonas costeras muy pobladas, y un aumento de la potencia destructiva de los huracanes, provocada con el aumento de la temperatura del mar.

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